Mi Tierra

Comúnmente se entiende que uno llama “mi tierra” al lugar donde ha nacido y le ha visto crecer.

Ello no impide que, uno de los primeros argumentos que se esgrimen desde España para negar el independentismo de Cataluña es el de “Cataluña también es mía”. Se supone, cuando menos de manera implícita, que se reconoce también este derecho a los catalanes.

En cambio, tal vez porqué ello se da por supuesto, no suele ser este, el de la propiedad, uno de los argumentos más expresados por parte del independentismo. Se diría que el ser catalán (haber nacido o vivir en Cataluña) se vive más como un accidente o un fatalismo natural, como un hecho, más que como derecho. No creo que ningún catalán se sienta propietario de Cataluña, más allá de los espacios que el registrador de la propiedad le reconoce a nivel particular; y no digamos ya sobre otros territorios de la península. Por eso choca tanto que otros, desde otros lugares, sí se consideren con ese derecho.

Es por ello que habría que distinguir aquí entre el derecho natural y el de conquista. Ya en la Biblia tenemos un ejemplo de esa distinción en el conocido juicio de Salomón: ante la disputa entre dos mujeres por la maternidad de una criatura, Salomón decide partirlo por la mitad y repartirlo entre las dos, a lo que responde una de ellas, “antes de partirlo que se lo den a la otra”. Ante esa repuesta el sabio rey reconoce a esta como la madre natural y le da la criatura.

Se diría pues, según el famoso juicio, que quienes defienden la unidad tienen el derecho “natural” sobre la criatura y, por contra, quienes desean partir el territorio no lo tienen. Lo cual nos lleva a una evidente paradoja, puesto que niegan que Cataluña sea de los catalanes. O, en todo caso, la propiedad sobre Cataluña la tiene el Estado español, mientras los catalanes, como el territorio, están sujetos, forman parte de esa propiedad. Igual que los siervos en la Edad Media.

Porque hay una forma de usar el posesivo que da la naturaleza, es la forma en que la madre dice “este es mi hijo”, porque ha nacido de mí; o en el plano afectivo “esta es mi mujer”, porque he entrado en ella; o las que de ello se derivan, “mi hermano, mi primo, mi amigo… MI TIERRA, porque en ella vivo.

Es esta, sin embargo, una forma de posesivo generosa y desprendida. No en vano Salomón reconoció a la verdadera madre por esa capacidad de desprenderse del hijo y así salvarle.

Pero un territorio no es una persona y, de hecho, estos se parten y reparten continuamente en el devenir histórico sin mayor problema que su reconocimiento, o no, por parte de los implicados. Reconocimiento que se niega a los catalanes por parte de España, como se negó la propiedad a todos los pueblos conquistados. Porque esta es una forma de posesión por ocupación y allanamiento. Es la forma en que el violador toma a su víctima. La misma en que, en algunas culturas, se conciertan matrimonios entre familiares. La que ocupa un territorio por las armas y convierte a sus moradores en vasallos. También así se dice “esta tierra es MIA”

De nada habrían servido pues todas las revoluciones, guerras, leyes, tratados, manifestaciones, democracias o derechos humanos, ante el derecho de conquista y la imposición de la fuerza bruta, o legislativa, que prevalece en este caso.

Por eso debemos tener claro, cuando alguien dice “Cataluña también es mía”, que lo que realmente  nos está diciendo es que él es el dueño y los catalanes son sus inquilinos, que haber nacido en esa tierra no da ningún derecho. Que tu madre, sí, te dio la vida, pero su dueño también es el tuyo y el de la tierra donde vives.

Igual, a poco que te fijes, español que presumes de ser dueño de Cataluña, veras que su dueño también es tu dueño, y que tu tierra tampoco es tu tierra.

Acerca Josep Nogué

Toda mi vida ha girado entorno de las artes plásticas. Primero como diseñador gráfico, después como ilustrador y más tarde del dibujo y la pintura. Busco que cada gesto sea preciso y directo, como la estocada de esgrima: que cada pincelada haga sangre.