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Max Galaxia

El ordenador de abordo indicó a Max Galaxia que precisamente ahí, en aquel remoto planeta sin nombre, tan sólo una serie de códigos para descifrarlo (24S 08 112) se encontraba la civilización perdida que durante años había estado buscando. La respuesta a su desconsolación. Años para encontrar un única respuesta. Max volvió a comprobar los datos, no quería equivocarse. Era cierto, las piezas acababan de encajar; solamente debía registrarlo con sus sentidos, ir personalmente. Max apagó el ordenador de abordo y encendió a su compañero robot, Park. Se enfundó su raído traje espacial, comprobó todos los protocolos de seguridad y juntos salieron a explorar. Años de investigación, una tesis doctoral en la universidad de Lugoburgo, incansable búsqueda por el insondable espacio, soledad, fatiga, decepción y mucho trabajo. Al fin todas sus esperanzas colmadas en un momento, el deseo incansable de persistir en el intento de hallar aquella civilización perdida. La solución a todas su preguntas, la x de la ecuación, el velo caído de la verdad. Max piso el duro suelo del deteriorado planeta. Observó el cielo, nubes negras. El traje registró frío, dieciocho grados Kelvin, humedad, una niebla demasiado espesa. A lo lejos, antes de que el ángulo de su visión se extinguiera, registró un enorme objeto. Se acercó lentamente, tratando de mantenerse en todo momento junto a Park. Tardó diez largos minutos en llegar. Su sorpresa fue inmensa al reconocer el enorme objeto, una figura de mujer partida por la mitad. El brazo elevado portaba una antorcha, la llama seguía ardiendo. Sus ojos se abrieron como platos y se desplomo en el suelo, hincando las rodillas. La civilización que durante tanto tiempo había estado estudiando era la suya y el planeta la Tierra.

Acerca Javier Gil

Situacionista, amante de los gatos y experto en la generación beat. Desde Parafernalia queremos ver arder los motores del mundo, la transformación ha de venir desde abajo.