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Manchester frente al mar

El inevitable sufrimiento que acompaña toda vida, la incertidumbre de la experiencia cotidiana, el drama del dolor ajeno y la pérdida de la figura paterna, como telón de fondo y escenografía de la magnífica película de Kenneth Lonergan, Manchester frente al mar (2016). Todo ello bajo el foco de la mirada: la mirada acusadora –ejemplificando la idea sartreana de que el infierno son los otros– y la mirada vacía, desgarrada, prófuga de su personaje central: Lee Chandler. Cassey Affleck, quien da vida al papel, nos ofrece una interpretación decisiva, que dialoga con la nada, que observa el más sincero abismo y siente la calamidad de obedecer y caerse hacia él. Lee es un hombre entregado por completo hacia su perdición. Affleck reciente ganador del Globo de Oro al Mejor Actor de Drama y favorito en todas las quinielas para llevarse la estatuilla de los Premio Oscars– lo borda. Y es que, interpretar al hombre cotidiano, de a pie, provincial; nunca fue tan difícil. Affleck parece actuar guiado por el abrumador peso de la existencia, de la pérdida de la fe con uno mismo y desde la irreconciliable relación con su pasado. Un pasado que le atormenta y le hiere (una y otra vez como heriría un cuchillo afilado en toda alma humana). Y herido en la fragilidad de su ser, Affleck se desangra gota a gota, tras los pasos de un trama que gira entorno a su festival: el rostro impasible de una nada, la mirada que busca consuelo en el vasto infinito que es el mar.

Lee es un barco a la deriva, desgarrado, por el cual no para de entrar agua y más agua y que sin embargo, se niega a desaparecer. Lucas Hedges quien en la pantalla es Patrick Chandler –el hijo y sobrino de quien Lee se verá obligado a hacerse cargo– le hará de justo contrapeso. Patrick será la bolla, el salvavidas, el sostente para que Lee no se ahogue y pueda seguir flotando. Verán que el símil náutico es fundamental en una película que desde Manchester-by-the-Sea (Massachusetts) mira incrédula el frío océano y se interroga por qué no existen respuestas válidas para combatir las injusticias humanas. Lonergan, director y guionista del proyecto, saca a la luz ese drama íntimo (juega con los recursos que aprendió de películas de Bergman o de las piezas dramáticas de Bernhard) para tejer un fabuloso drama teñido de cálidos momentos de comedia que habla de la indefinición de la condición humana y nos pregunta qué hacemos aquí y cómo debemos combatir a la muerte en una época vacía y liderada por un imparable nihilismo. Es decir, qué hacer cuando la religión ya no consuela. Manchester frente al mar es un film que toca –da en el hueso– con lo más profundo de nuestro ser, para, desde una mirada lúcida e inteligente, ejercer de portavoz y defensor de un arte que cubra de sentido (y magnifique) nuestra pobre y difícil experiencia. Una experiencia que sin religión ha quedado huérfana y que sólo el arte la puede dignificar. No se la pierdan.

Acerca Javier Gil

Situacionista, amante de los gatos y experto en la generación beat. Desde Parafernalia queremos ver arder los motores del mundo, la transformación ha de venir desde abajo.
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