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La ciudad perdida de Z

Volvíamos de ver Z. La ciudad perdida y no podía evitar encontrar cierta similitud con el texto que había estado leyendo estos días: La divina comedia. No quisiera desvelar demasiado acerca del contenido de la película, escrita y dirigida por James Gray, a propósito de un libro de no-ficción del periodista David Grann sobre el explorador y aventurero británico Percival Fawcett, que poco después de salir a la venta, Brad Pitt ya se había hecho con los derechos para su puesta en escena. A propósito de Percival Fawcett – que sirviera de inspiración para la composición de Indiana Jones – diremos que vivió una vida tumultuosa a la par que apasionante, siendo enviado a las trincheras de la gran guerra y realizando a lo largo de su vida importantes expediciones hacia la selva inexplorada del Amazonas. Sin duda, Percival fue un hombre de acción y el actor que lo interpreta, Charlie Hunnam tiene ese aire de aventurero melancólico en la búsqueda de un sentido más profundo a la existencia o eso nos hace creer, todo y que en algún que otro momento, desfallece y pierde la compostura y nos muestra su lado más falible (como actor). Si bien Percival, que en su primer viaje realizó los mapas cartográficos en el seguimiento del río Heath, disputa fronteriza entre Bolivia y Brasil, a lo largo de las otras dos expediciones (tal y como nos lo cuenta el film, puesto que el explorador británico realizó muchos otras) abandona el inicial propósito documental, el del científico-explorador en su itinerario cartográfico, para realizar algo mucho más profundo: rastrear las huellas de una civilización perdida, que él denomina Z – como la última letra o pieza – del abecedario humano. Z supondría el eslabón perdido de la civilización humana, nexo de unión entre los nativos salvajes y asilvestrados y el exuberante poder y raciocinio del Imperio Británico, dominador del mundo por aquel entonces. Percival quería dar cabida en la categoría de hombre a los indios amazónicos. Para ello, se apoyaba en el así llamado Manuscrito 512, relato de una expedición sobre la descubierta de una ciudad milenaria en mitad de la selva de increíbles dimensiones y adornada con piedras preciosas y oro, mucho oro. Algo así como el mito del Dorado pero en el Amazonas, que Percival estaba empeñado en encontrar, dejando tras de sí su feliz vida matrimonial con su hermosa esposa – interpretada por Sienna Miller – y sus jóvenes hijos.

Pero, volvamos a la película. La cual se estructura en tres viajes, tres momento en la vida del explorador en la selva más profunda y que yo comparo, esos tres viajes, con los que realiza el poeta Dante en su Divina comedia.

1er viajeInfierno. La primera exploración, con afán científico y subvencionado por la Royal Geographical Society para trazar el mapa del itinerario del río Heath supuso la entrada a un mundo desconocido, lleno de incertidumbre y misteriosos y donde la presencia del mal, atroz y salvaje, puede trazar un camino análogo hacia el descenso a los inframundos de Dante. Es la primera entrada hacia la selva del Amazonas, un lugar ignoto para el hombre blanco que desconocía a su gente y el entorno que le rodea. Y viaja inquieto, bajo la permanente presencia de la muerte durante todo su descubrimiento. Percival Fawcett, en compañía de su colega de fatigas Henry Costin (quien haría las veces de Virgilio) – interpretado por un sorprendente y comedido Robert Pattinson, luciendo una poblada barba – y junto a un heterogéneo grupo de hombres sin ley se adentran en la selva siguiendo el recorrido propuesto por el río. Las enfermedades, el hambre, el miedo o los ataques de los indios; hacen de esa primera expedición un infierno a la supervivencia humana.

2nd viajePurgatorio. La segunda exploración, ya con la idea en mente de indagar acerca de esa civilización (o ciudad) perdida de Z, supone una reconversión en los valores de Percival. La realiza con ánimo científico, pero con la defensa de la humanidad de los maltratados nativos, que eran vendidos como esclavos o ultrajados al ser considerados seres sin alma. Cuando viaja de nuevo a la selva, Percival lo hace con el propósito último – además de exaltar su reciente celebridad – de demostrar la igualdad de todos los hombres. Igualmente acompañado de su colega de fatigas el señor Costin y esta vez, junto a la inestimable compañía del famoso explorador ártico James Murray. Se trata de liberarse de los pecados del hombre en la búsqueda de la reconciliación, igual que lo hiciera el poema italiano para purgarse. La experiencia les salvará de muchas embestidas, amigándose con una tribu de caníbales; pero la fallida de la misión hará que la expedición se convierta en un purgatorio por el cual expiar sus culpas.

3er viajeParaíso. La última exploración, con un Percival ya maduro se verá empujado por la vitalidad y espíritu de su hijo, Jack (quien sería el nuevo guía de viaje) – interpretado por el joven actor y futuro Spiderman, Tom Holland –. El viaje será entre ellos dos y acabará con su desaparición, pues todavía hoy se desconoce el paradero de ambos exploradores. Es el ascenso a los cielos y el alejamiento definitivo de todo rastro cultural antecesor, salvando así el alma humana de los demonios de la civilización. Entendemos que Percival y el joven Jack son traslados a otra dimensión de realidad; el humo asciende hacia los cielos, y alcanzando con ello la ansiada ciudad perdida de Z, utopía que mueve la voluntad de los hombres. E igual que lo hiciera Dante, logran coronar su propósito y alcanzar el anhelado paraíso motivo último de la existencia.

Acerca Javier Gil

Situacionista, amante de los gatos y experto en la generación beat. Desde Parafernalia queremos ver arder los motores del mundo, la transformación ha de venir desde abajo.