Inicio - Miscelánea - Ignatius Farray y la exploración del WhatsApp

Ignatius Farray y la exploración del WhatsApp

Ayer – 19 de junio de 2017 – el cómico y actor canario Ignatius Farray hizo algo inaudito hasta la fecha, ofreció al público su número personal de teléfono a través de su página de Facebook; a modo de demostración de fuerza o de insólita y arriesgada idea publicitaria para promocionar el estreno de la segunda temporada, que yo espero con entusiasmo y que producirá el próximo sábado; de la serie que protagoniza, escribe y dirige El fin de la comedia. A las doce de la noche ya había recibido a su WhatsApp más de 36.000 mensajes de texto, incluidos el mío; y esta mañana, entorno a las diez, ya habían ascendido a más de 46.000 mensajes anónimos, de fans o detractores, de curiosos o personas aburridas, jóvenes y no tan jóvenes que decidieron escribir al cómico; demostrando el poder de atracción y de popularidad con el que se ha hecho de un tiempo a esta parte, sobre todo a raíz del éxito que está teniendo el programa de radio de la Ser La vida moderna o de sus recientes apariciones en el programa de Buenafuente para el canal 0# Late Motiv. Este insólito hecho me ha llamado poderosamente la atención, no ya por la rápida movilización, a través de las redes sociales e internet que ha tenido, sino también del poder de convicción que, ciertos personajes del mundo del espectáculo o de la industria cultural, tienen para con la gente. Y ha sido entonces, cuando me ha venido a la memoria la obra de Ortega y Gasset La rebelión de las masas. Del modo en el que ciertos temas – hoy por ejemplo es el Día Mundial del Refugiado – no movilizan a las masas; y sí en cambio llamadas de atención, excesos de ego, innovadoras campañas publicitarias o simplemente un divertimento y un atrevimiento para con su público, por parte de uno de los cómicos más agudos e inteligentes del panorama español actual; para mí comparable (aunque con ciertos matices) con Louis C.K. o Aziz Ansari. El poder que tienen hoy de convicción y excitación celebridades como Ignatius hacia el hombre medio; que sin embargo parece relativamente tranquilo ante el conflicto Sirio, el calentamiento global o las agravantes injusticias económicas.

         A todo ello pareciera como si a través de la figura de Ignatius se aglutinara, de una forma extraordinaria, lo grotesco y lo elevado, lo artístico y lo vulgar, lo caricaturesco y lo genuino, lo cómico y lo fatal; en un único caleidoscopio que en el modo de anunciación del chiste, la parodia, la sátira, la burla o la simple broma, se presentara en realidad como un enmascarado filósofo, un hombre de nuestro tiempo que mirando la sociedad desde una posición privilegiada, atacara y criticara sus males para alertarnos del peligro; incluso de la deshumanización (en su grotesca carcajada sorda) que estamos viviendo. Es decir, que Ignatius a través del humor se nos presenta como un líder de opinión, alguien aventajado, un intelectual en esta España invertebrada (como decía Ortega) de la que tanta falta hacen las personas con ideas hacia el futuro. Precisamente, será el encuentro – anunciamos aquí un fragmento de la T2 de su serie – entre él mismo y Iñaki Gabilondo, quizás uno de los pocos intelectuales vivos que quedan en el país.

Con lo ocurrido ayer, Ignatius ha demostrado ser un líder de nuestro tiempo, capaz – con un anuncio en Facebook, aunque más tarde también lo hiciera en el programa de radio– de incitar a la movilización de las masas, de excitar a mucho público. Ignatius sería algo así como un intelectual disfuncional en los tiempos de la modernidad líquida, donde los valores se han difuminado en una amalgama multicultural, es decir donde todo vale porque los límites ya no están definidos. Es en el speech final del mismo programa donde Ignatius lanza – siempre con su particular visión del humor y de la auto-parodia– un alegato contra el abuso y los excesos, que otorga el anonimato de la red, para insultar y faltar al respecto a las personas. Porque lo cómico es una herramienta de crítica de la sociedad, donde este bufón de lo moderno se entrega a su honor y miseria, nos hace reír con el convencimiento de construir un lugar mejor; o eso creemos. Qué nuevas propuestas, qué nuevos límites volverá a rascar Ignatius para atractivo del público, con qué nueva idea volverá a sorprendernos un hombre que parece tener un cuidado gusto por la literatura y por el otro no tienen complejo alguno para chupar un pezón a algún asistente que ha venido a verle. Ignatius lo tiene todo, reúne lo basto y lo delicado, lo complejo y lo simple, lo idiota y lo inteligente en una figura poco agradecida que explota los límites del humor (y del absurdo) de nuestra sociedad; sus contradicciones, sus paradojas, sus errores. Porque, de algún modo – y aquí me pongo lírico – Ignatius somos todos.

Yo mismo le escribí para probar qué ocurría.

Acerca Javier Gil

Situacionista, amante de los gatos y experto en la generación beat. Desde Parafernalia queremos ver arder los motores del mundo, la transformación ha de venir desde abajo.