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Excálibur: forjada para sanar

(…) Ve, busca un lago de aguas tranquilas y arroja allí la espada.”

Excalibur de John Boorman.

De todos es conocida la leyenda artúrica, o por lo menos en lo esencial: el Rey Arturo, el Mago Merlín y la mítica espada Excálibur. Y no es para menos, el mito artúrico es el más importante de la tradición europea occidental con influencias paganas, cristianas, celtas y sajonas.

En el siglo XII Geoffrey de Monmounth publicó las “Profecias de Merlín” y posteriormente “la Historia de los Reyes de Britania”. En estos libros aparecen por primera vez mencionados los nombres de Merlín y Arturo y se sugiere que ya eran personajes conocidos por la tradición oral.

Posteriormente aparecerán una serie de libros escritos en francés, conocidos como la Vulgata Artúrica que narran los hechos de los caballeros de la mesa redonda. Muchos de estos escritos simplemente transcurren en la mítica época y lugares donde el legendario Arturo reinó, sin que tengan trascendencia alguna en los hechos principales de su reinado. Obras como Tristán e Isolda y el Caballero Verde son ejemplos de las muchas aventuras que se contaban en torno a este legendarium.

Será ya en el siglo XV cuando Thomas Malory cree el corpus definitivo del mito, teniendo en cuenta obras anteriores y la tradición oral publicando “La Muerte de Arturo”.

La leyenda artúrica explica como Uther Pendragon, rey de Britania se enamora de Igraine, la mujer un señor feudal. Igraine rechaza las pretensiones del sátiro rey e informa a su esposo de ellas. Éste, airado, entrará en guerra con Uther, que seguía deseando a su mujer. Recurriendo a las artes mágicas de Merlín, Uther adopta la apariencia del noble y yace con Igraine, concibiendo esa noche a Arturo. Esa misma noche el esposo de Igraine muere y Uther la desposa al punto.

Merlín se lleva a Arturo tras su nacimiento y lo deja al cuidado de Ser Héctor. Arturo crecerá con éste noble creyéndose su hijo. Al cabo de no mucho, Uther muerte y el reino se deshace en varios feudos rivales. El reino sangra.

En un campo a las afueras de Londres aparece una espada clavada en un yunque con una inscripción que rezaba: «el que sea capaz de extraer la espada del yunque será rey de Bretaña». Muchos nobles intentaron extraer de la piedra la espada sin éxito. Entonces aparece Merlín que exhorta a Arturo, un mero escudero de su hermano Ser Kai a intentarlo. Arturo lo logra y es proclamado rey. Hay cierto debate sobre si la espada extraída del yunque es Excalibur o no. Luego hablaremos de eso, porque Excálibur es nuestra protagonista.

Arturo fundará la mítica Cámelot y creará la orden de caballería conocida como la Mesa Redonda, donde todos los caballeros de renombre podían sentarse en asamblea y narrar sus hazañas. El mito de Arturo es largo y enrevesado y con muchas versiones. Nos quedaremos con lo esencial. Arturo tendrá un reinado largo y próspero, el mejor que conociera nunca Bretaña. En este reinado, los caballeros de la Mesa Redonda emprenderán la búsqueda del Grial, la mítica copa que recogió la sangre de Cristo en la Cruz.

El reinado de Arturo acabará por la traición de Lancelote del Lago, un caballero de la Mesa Redonda, que cometerá adulterio con Ginebra, esposa de Arturo, el robo de la mágica vaina de Excálibur y la traición de Mordred, hijo ilegítimo fruto de la pasión de Arturo con su hermanastra Morgana La Fey hija de Igraine, madre de Arturo. Después de una gran batalla, Mordred y Arturo se matarán mutuamente, pero antes de morir, Arturo mandará a uno de sus caballeros arrojar a Excálibur a un lago cercano. Finalmente, el cadáver Arturo es conducido a Avalon una ciudad del Mundo Invisible o del más allá, de donde Arturo retornará en el momento de más necesidad de Britania. Este es, explicado de un modo muy somero, lo fundamental del mito artúrico.

Hay historiadores modernos que están convencidos de la historicidad de Arturo. Yo no soy especialista en el tema, pero mi opinión es que de un tiempo a esta parte muchos historiadores empiezan una investigación con las conclusiones de la misma sabidas de antemano. Desde que el arqueólogo Heinrich Schliemann descubriese Troya mediante la lectura de la Iliada y la Odisea, se ha abierto la veda a la teoría de que cada mito es real. La Biblia, el Diluvio y por supuesto, la saga artúrica han sido víctimas de ésta moda. Según muchos de estos investigadores, Arturo sería un general britano-romano que luchó contra las invasiones sajonas. Ignoro si eso es así o no, y dudo que alguna vez se sepa o se descubra Camelot, pero lo que está claro es que la supuesta figura de un Arturo real ha sido completamente fagocitada por el mito. Bajo mi modesto punto de vista tiene más credibilidad histórica Merlín que Arturo, ya que muy probablemente fuese un druida muy conocido o incluso una dinastía de druidas.

Merlín merece un pequeño apartado. Según la tradición es fruto de la violación de una monja por un incubo y en la tradición artúrica se le conoce como “el Hijo del Diablo”. Dada su naturaleza sobrenatural, Merlín tenía muchos poderes: era capaz de adoptar apariencia de animal y comunicarse con estos, tenía control sobre el clima, podía volverse invisible y gozaba del don de la profecía, aunque como buen profeta, era incapaz de impedir que sus vaticinios se cumpliesen. Merlín forjó a Excálibur.

Merlín era también un conspirador y no queda muy claro que objetivos perseguia en realidad. Parece ser que la mayoría de las veces actuaba solamente impulsado por el beneficio propio y su moral era bastante relajada. No dudó, por ejemplo, en hacer que Uther violase a Igraine o en esconder a Arturo para después poner el trono de Britania a su disposición con él a su lado. A buen seguro que Merlín conocía la muerte de Uther.

Merlín se enamoraría de Vivian, la Dama del Lago, un ser sobrenatural que vivía en Ávalon, una isla lacustre. Merlín, en la alcoba le contaría los más profundos secretos de sus artes y Vivian acabaría por encerrarlo en un roble o un cristal, según que versión del mito.

La figura de Merlín es en si un arquetipo. Aparece recurrentemente en los mitos occidentales. Es como Odín disfrazado o Hermes. Una figura conectada con el más allá y poseedora de un poder arcano. Su misión es forjar al héroe para luego desaparecer. Legitima al héroe, ya que éste aparece como un elegido de la divinidad.

Otra prueba de esa voluntad divina para con el héroe son los objetos mágicos. No hay héroe que se precie que no tenga uno. El que nos ocupa en esta historia y que legitima a Arturo es Excálibur.

La espada es un arma noble. Se necesita habilidad para manejarla, se usa en combates cuerpo a cuerpo donde se demuestra el valor, es un arma ofensiva y defensiva, es fácil de transportar y versátil y además, son hermosas.

Las espadas comunes no tienen nombre, solamente las de más valor lo tienen. Son espadas especiales que han sido forjadas con una gran maestría por grandes herreros y acompañan al héroe en sus hazañas. Durandal fue la espada de Roldán y la Tizona del Cid y son famosas por las gestas que estos realizaron con ellas, y por su calidad, ya que estas armas no se rompían en el combate, cosa que debería ser de agradecer.

Pero hay una segunda categoría de espadas, que son las mágicas. Estas además suelen dar a su portador alguna habilidad sobrenatural. Es el caso de Excálibur, que además de dar una ventaja en combate a Arturo, tenía una vaina que impedía que Arturo sangrase. También legitimó a Arturo, aunque como comentaba anteriormente, esto no está claro. Hay varias versiones.

Según Geoffrey de Mornmouth, la espada que Arturo consigue extraer del yunque es, en efecto, Excalibur y de ahí puede que venga su nombre Ex Calce Liberatus que quiere decir “Extraida de la Piedra”.

Pero en la Vulgata y la versión de Malory, la espada que Arturo saca del yunque se rompe en un combate, tras lo cual Merlín se la lleva. Después le da otra espada a Arturo o la misma reforjada, junto con una vaina que hacía a su portador inmune a las heridas. Según esta versión, esta espada –más perfecta– sería Excálibur, derivación del término Caledfwlch, “Hecha de Acero”.

Excalibur tendría también otro papel, más sutil pero que queda patente en toda la obra. La de sanar y mantener a salvo el reino, ya que el reino prospera bajo la unidad y la justicia que trae Arturo y la espada protege al Rey. Cuando la Vaina de Excálibur es robada por Morgana, el rey queda sin su protección y como consecuencia el rey morirá y el reino caerá.

La leyenda artúrica ha sido adaptada en novelas y llevada al cine infinidad de veces. Tantas ya que aburre y es difícil encontrar algún producto actual acerca de este tema que merezca la pena.

En lo literario me gustaría recomendar, además de la de Thomas Malory “La Muerte de Arturo” (ed. Siruela y Alianza) , “Los Hechos del rey Arturo y Sus Nobles Caballeros” de John Steinbeck (ed. Edhasa) y “Las Crónicas del señor de la Guerra” de Bernard Cornwell (ed. Quinteto). La primera es una muy buena revisión del Libro de Malory y la segunda es una trilogía que plantea un Arturo “histórico” muy interesante.

Como adaptación al cine, la única película que merece ser mencionada y que está muy, pero que muy por encima de cualquier otra, es Excálibur de John Boorman, que en realidad es la que me movió a hacer esta reseña.

Rodada en 1981 y de factura británica, Excálibur es la única de las adaptaciones al cine del mito artúrico que tiene en cuenta la obra de Malory. Con un guión muy sólido y de unos diálogos que bordean la genialidad, Excálibur de Boorman simplifica el mito, pero en lo esencial lo mantiene e incluso lo mejora, haciéndolo más moderno y coherente.

La historia es la que más o menos he contado en el resumen de la leyenda. A Uther le entra un calentón y recurre a Merlín (un Merlín mucho más moral que el del mito) para poseer a la bella Igreine. En una escena memorable, en la cual Igreine baila ante la corte de Uther, éste proclama a voz en grito que la desea enemistándose de inmediato con su marido, un duque. Loco de deseo, Uther pide a Merlin que le ayude a consumar su pasión y éste, aunque en un primer momento se niega, llevado por una intuición accede a los deseos del rey. En una escena poderosísima (toda la película está plagada de ellas) vemos como Uther cabalga sobre la niebla cambiando de forma ante las exhortaciones del mago. Uther poseerá a Igraine con la apariencia del duque y sin quitarse la armadura ante los ojos de Morgana, la hija de Igraine. Si esto que he explicado no ha convencido a mis sufridos lectores de verla, que alguien me haga llegar un comentario y me dedico a la pesca con bicho.

Todo el resto de la película sigue de manera bastante fiel el texto de Malory: el nacimiento de Arturo, la extración de Excálibur de una roca, el reinado de Arturo, su boda con Ginebra y el adulterio de ésta con Lancelote, la búsqueda del Grial, así como las conspiraciones de Morgana y la muerte de Arturo por su hijo Mordred. Atravesandose mutuamente, el uno con una lanza y el otro con Excálibur.

Abrazame, padre.”

En el apartado de fotografía y puesta en escena la película es sublime. Todo lo que se ve en ésta película es irreal. Las armaduras demasiado brillantes, el musgo demasiado verde, los cielos rojos en exceso y las puestas de sol parecen sangre. Coppola copiaría para su Drácula la escena final de Excálibur en los planos en los que las batallas parecen un teatro de marionetas.Y en efecto, toda la película parece un teatro, una opera de Wagner. Da la impresión que cuando ves este film, no entras en la Edad Media , sino que entras en un mundo mágico, de leyenda… El mundo de la Britania de Camelot.

La magia es sutil. Cuando la magia actúa aparecen brillos verdosos en los metales y una música que recuerda a un canto de mujer hechizándote, prácticamente una nana. El poco uso y tan bueno de efectos especiales hace que esta película haya envejecido increíblemente bien.

La banda sonora está hecha con composiciones de ópera del romanticismo alemán. Carl Orff y Richard Wagner sonarán durante la mayor parte del film y también el Carmina Burana en la escena ya épica de la cabalgata de los hombres del Rey. Y es que a esta película si algo le sobra, es épica.

Y así, con épica me despido: Dios os de gloria sin mengua.

Acerca Pablo Álvarez

Hulk cuando no está en su forma verdosa y machacando se llama Pablo Álvarez y es ilustrador y librero. Hulk machaca, dibuja y pinta, lee novelas, mira documentales de historia, aplasta, le gustan los cómics,juega a rol y juegos de mesa y wargames donde tritura a sus rivales, lee ensayos de historia y antropología, cruje huesos y mira series. Hulk es fan de Tolkien y desmiembra a quien no le guste el Silmarillion. Hulk colecciona figuras de plomo. Solo puede tranquilizarse a Hulk con los periquitos. A Hulk le gustan los periquitos, pero no le gustan quienes no le gustan los periquitos. Puedes seguir a Hulk/ Pablo Álvarez en Facebook en sus páginas Apocalipsis librero y Frikidibus.