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Elric o si Shakespeare escribiese fantasía

En los años setenta, Michael Moorcock, un extraño y polifacético escritor británico que odiaba la obra de Tolkien cuando todo el mundo la alababa por haberse convertido en un icono de la contracultura hippie, publicó una curiosa saga de fantasía, muy conocida por el fandom pero completamente desconocida por el gran público: Elric de Melniboné.

En efecto, aunque la fantasía está en pleno auge gracias a las obras de Tolkien, George R. R. Martin y Patrick Rothfuss entre otros, Moorcock es uno de los grandes olvidados del género fantástico para adultos. Moorcock es uno de los grandes precursores de la “Dark Fantasy”, aunque no el primero.

La “Dark Fantasy” se podría describir como una fantasía en la cual la magia es fundamentalmente mala. En la fantasía clásica la magia suele ser dual; hay magia buena y magia mala e incluso en muchos casos neutral, pero eso no es así en la fantasía oscura ni en la obra de Moorcock.

Michael Moorcock plantea un universo con múltiples planos o “Multiverso”. En un multiverso existen diferentes planos dimensionales de un mismo mundo o incluso de diversos mundos. Muchas veces hay mundos prácticamente idénticos que difieren en muy pocos aspectos de su plano dimensional hermano. Este concepto sería explotado muchas veces después de su concepción y Moorcock sería uno de sus pioneros.

En el multiverso de la cosmogonía de Elric, hay dos fuerzas fundamentales en conflicto, el Orden y el Caos. El Orden representaría la disciplina, las leyes, y lo imperturbable, mientras que el Caos lucha por el cambio constante, la innovación y la belleza, aunque muchas veces es una belleza cruel y degenerada. No hay que confundir el Orden y El Caos con el bien y el mal; la victoria absoluta de una de estas dos fuerzas en cualquier plano puede acarrear la destrucción más absoluta de ese mundo. Solo el equilibrio y la eterna lucha entre esos dos aspectos de la realidad puede ser beneficioso para el plano de una realidad y sus habitantes.

Las luchas entre estas dos fuerzas son comandadas por los Señores del Orden y del Caos. Una especie de dioses (o demonios) que tienen influencia en los diferentes planos. La influencia en uno u otro plano de cada uno de estos señores puede variar; es decir, un señor puede ser muy poderoso en un plano y ser una deidad menor en otro. Incluso se lo puede “matar” anulando por completo su influencia en un determinado mundo, aunque seguirá existiendo fuera de él.

El grueso de la obra de Moorcock se vertebra en la lucha entre esos Señores. Algunos de los personajes protagonistas de sus obras optarán por luchar del lado del Orden y otros por el Caos, e incluso alguno, por el Equilibrio.

Así pues, la magia en esta cosmogonía se basa en los pactos entre los humanos y estos grandes señores. El brujo o hechicero puede obtener grandes beneficios si el conocimiento que posee le permite contactar con uno de estos seres. Cuanto mayor sea el conocimiento del brujo, mayor será la jerarquía con la que pueda pactar y por lo tanto, mayor su poder. Pero como ya he comentado, esta magia es mala en esencia y a la larga pasará factura. Elric es un gran brujo, el mayor de todos, y será el que más alto precio pague.

Elric es el último emperador de Melniboné, un imperio de miles de años en la última fase de una larga decadencia. Durante su existencia, Melniboné dominó todo el mundo conocido mediante la hechicería y el uso de los dragones que los señores melniboneanos podían montar –me huelo que George R. R. Martin se inspiró aquí para crear su Valyria–, pero en los últimos siglos su influencia se ha limitado a una isla y su capital, la Ciudad de los Sueños.

Los melniboneses son una raza con gran capacidad para la brujería. Son hermosos, refinados, sutiles e infinitamente crueles. Si algo carecen los melniboneses es de conciencia o de remordimientos. Las otras razas no merecen ninguna consideración para ellos y simplemente son esclavas para satisfacer sus necesidades, deseos y lujuria. No es raro que un señor melnibonés sienta inclinación por las prácticas sádicas. Para sus congéneres esto no es raro en absoluto y no se esconde. La crueldad no está mal vista, la falta de la misma sí. Los melniboneses son un pueblo tradicionalista y el único pecado para ellos es romper la tradición.

Pero Elric es diferente. Nacido con albinismo y físicamente débil, mantenido con vida a base de drogas, pociones y rituales, a menudo se ve postrado en su cama sin fuerzas para nada excepto leer. Esas lecturas le han proporcionado un gran conocimiento arcano, pero también ha leído sobre ética, moral y filosofía. Elric es el único melnibonés con conciencia. Elric se plantea si no sería bueno cambiar las cosas aunque ello supusiese la ruptura de la tradición. Elric se plantea incluso si es ética la existencia de una raza como la melnibonesa. Quizá algún día el emperador de Melniboné destruya a Melniboné. Quizá.

Para poder rescatar a su prometida de las garras de su primo que pretende el trono, Elric tendrá que pactar con el archidemonio del Caos Arioch, uno de los Duques del Infierno. Arioch instará a Elric a conseguir la espada maldita llamada Tormentosa (Stormbringer), que absorbe las almas de sus víctimas y las arroja al Infierno donde Arioch las devorará por toda la eternidad. A cambio, la espada le proporciona una vitalidad antinatural que permitirá a Elric ser uno de los mayores guerreros de su época y con diferencia el mejor brujo.

Elric no es un héroe, tampoco es un antihéroe. Es un personaje trágico que intenta hacer las cosas lo mejor posible e incluso el bien, pero por estar al servicio del demonio Arioch y por esgrimir su espada negra, todo lo que Elric haga acabará en tragedia para él y para quienes lo rodean. Elric será guiado por el DESTINO a su trágico final.

Las aventuras de Elric se narran en una saga de libros, a veces en forma de novela corta y a veces en forma de relato. Muchas de las aventuras de Elric son autoconclusivas, en forma de folletín de revista pulp. La forma de narrar de Moorcoock es rápida y fácil, con pocas concesiones literarias. Es meramente funcional, pero funciona muy bien. Los libros son muy dinámicos, a diferencia de obras de fantasía más modernas con cientos o miles de páginas, decenas de personajes y tramas muy complejas que se entrelazan entre si. Sí, estaba pensando en R. R. Martin y compañía. En las novelas de esta saga, Elric es el único protagonista y no son muchos los personajes que suelen repetir en otra novela. Como había comentado, la gente que se acerca a Elric no acaba demasiado bien.

Como crítica a la obra de Moorcock en general y a la Saga de Elric en particular, hay que decir que esta cosmogonía no está demasiado bien definida. Moorcock improvisa y dado a que el grueso de su obra está escrita bajo los efectos de estupefacientes –o eso dice la leyenda– muchas veces es incoherente e incluso contradictorio. El carácter de Elric puede variar muchísimo de una obra a otra. El emperador de Melniboné será desde un cándido corazón ingenuo a un auténtico hijo de su real madre melnibonesa, pasando por fases depresivas, nihilistas, autodestructivas, apáticas y un largo etcétera. No se puede decir que el personaje no evolucione; que sí lo hace, pero da más la sensación ser un bipolar sin tratar que él dé un personaje que realmente crezca.

También hay que decir que no todas las novelas de la saga de Elric de Melniboné tienen la misma calidad y hay un par que son manifiestamente malas. No obstante, y en conjunto son novelas divertidas, ágiles y que contienen escenas realmente memorables. La cosmogonía es muy original para la época y ha sido muy copiada. Por poner un ejemplo, el famoso Geralt de Rivia recuerda bastante a Elric en muchos aspectos. Es una lectura muy recomendable para personas que se inicien en la fantasía y que quieran ir más allá de los escritores de moda de este género: R. R. Martin, Rothfuss, Sapkowski, etc…Es una fantasía más fresca, más esencial y más pura que la literatura fantástica moderna, que al fin y al cabo, no ha inventado nada.

Como productos de merchandising, Elric no ha tenido demasiado éxito. Ha tenido dos juegos de rol y unas cuantas adaptaciones al cómic, una en los años ochenta por el mítico Roy Thomas y P. Craig Russell y otra recientemente, ambas publicadas por Yermo. Ambas son muy recomendables, pero la más reciente es una auténtica maravilla en guión y dibujo.

Icono de lo underground y de lo friki, nuestro emperador melniboneano favorito no ha gozado de una adaptación al cine ni a ninguna serie. Eso puede deberse a que esta saga es de un contenido muy adulto, bastante más duro que Juego de Tronos por ejemplo.

Otros personajes de la obra de Moorcock son Corum, Erecossë el Campeón Eterno y Hawkmoon, que compartirían con Elric esta cosmogonía de un multiverso en eterna lucha. Esto es todo. Que Arioch, Xiombarg y Pyayrai iluminen vuestro camino…Bueno, mejor no.

Acerca Pablo Álvarez

Hulk cuando no está en su forma verdosa y machacando se llama Pablo Álvarez y es ilustrador y librero. Hulk machaca, dibuja y pinta, lee novelas, mira documentales de historia, aplasta, le gustan los cómics,juega a rol y juegos de mesa y wargames donde tritura a sus rivales, lee ensayos de historia y antropología, cruje huesos y mira series. Hulk es fan de Tolkien y desmiembra a quien no le guste el Silmarillion. Hulk colecciona figuras de plomo. Solo puede tranquilizarse a Hulk con los periquitos. A Hulk le gustan los periquitos, pero no le gustan quienes no le gustan los periquitos. Puedes seguir a Hulk/ Pablo Álvarez en Facebook en sus páginas Apocalipsis librero y Frikidibus.