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Diablo o de la revolución permanente

Ce grand malheur, de ne pouvoir être seul.
La Bruyere

Diablo lleva una vida muy normal. Cada mañana se levanta temprano para ir a trabajar. Trabaja de taquillero en las oficinas del metro. Su horario laboral es de seis de la mañana a tres, con un receso de media hora para almorzar. Diablo adolece del trabajo, opina que es una maldición divina, pero se resigna; debe ir a la oficina para poder pagar las facturas de su ordinaria vida. Diablo, cuando termina su horario, regresa a casa tranquilo, en la línea 67 de bus leyendo algún libro. Si puede, intenta aprovechar el trayecto y lee, si está muy lleno el bus y no tiene ningún asiento, acostumbra a mirar a la gente. Diablo es muy observador. Y los días que el autobús de la línea 67 va muy lleno se dedica a mirar con atención a los demás pasajeros. Algunos ya los reconoce de hacer ese mismo trayecto el resto de días junto a él. Diríamos que son parte de su familia. Diablo es soltero y al margen de unos pocos amigos del barrio y algún que otro primo lejano, no se relaciona mucho con la gente. A excepción del trabajo, donde tiene que discutir cada día con energúmenos de distinto pelaje y responder a las demandas, solicitudes y cuestiones del cuerpo de turistas oficiales. Diablo detesta el turismo, la aglomeración de las grandes ciudades y la banalización de la experiencia del viaje convertida en una oferta de consumo más. Pero vive en Barcelona, trabaja para la compañía del metro y no le queda más remedio que resignarse y obedecer. Si por Diablo fuera, mañana mismo ardería la ciudad. Diablo cree en la revolución –y toda revolución tiene un inicio de violencia extrema– como única solución para detener la situación actual. Pero como no conoce a mucha gente, a excepción de los conocidos del autobús con los que apenas ha tenido ocasión de hablar, algún que otro amigo de la infancia ya sin trato o primos que se quedaron en el pueblo olvidados; Diablo aún no ha logrado nada. Su revolución es interior. Y su imaginación, en algunas ocasiones, explota en llamas y ve arder la ciudad y sus fantasmas. Diablo odia a las grandes empresas, el estilo de vida basado en lo material, el consumo como forma de progreso personal y el olvido del espíritu por parte de las sociedades posmodernas. El capitalismo, como modo y principio que rige las directrices de la vida de muchísimas personas, debería desaparecer y la revolución, en término de violencia callejera: quema de contenedores, destrucción de cajeros automáticos, demolición de edificios emblemáticos que representan la opresión del poder o el desvalijamiento de grandes almacenes e importantes negocios – al menos esa es la opinión de Diablo – sería la única solución posible para el Cambio. Por eso Diablo es un nombre imaginario y representa el nombre que el poder pone a todo aquello que le horroriza. Diablo es la representación de todas aquellas acciones que repelen al poder, porque en el fondo obedecen a una lógica que desean destruirlo e invertir el orden de lo real. Diablo es un símbolo de la desobediencia, si acaso, de la desobediencia extrema como forma de resistencia interior. Porque recordemos, todo está en su imaginación y él nunca se atrevería a hacer nada, pues es un hombre triste y solitario. Sin apenas nadie para compartir sus revolucionarias (y peligrosas como afirmaría el poder) ideas incendiarias. Porque, aunque extremas e inservibles, Diablo en su ir y venir del trabajo, en su deambular patético y cotidiano; tiene ideas y son todo suyas. Diablo es un libre pensador, amante de la revolución como forma pura para el aniquilamiento del poder capitalista. Y desearía invertir el orden, si por él fuera, mañana mismo. Pero es incapaz, porque se siente solo en un mundo donde el resto de la gente no se da cuenta que les están secuestrando la libertad, en el cual las grandes multinacionales les han robado la vida. Por eso Diablo se resiste y se conforma con una especie de revolución interna, que aunque no le consuela demasiado, le deja dormir en paz.

 

Acerca Javier Gil

Situacionista, amante de los gatos y experto en la generación beat. Desde Parafernalia queremos ver arder los motores del mundo, la transformación ha de venir desde abajo.
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