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CONAN, Nietzsche en el 20.000 antes de Cristo

«La barbarie es el estado natural del hombre. (…) La civilización es antinatural. Es un capricho de las circunstancias. Y, en última instancia, la barbarie saldrá siempre triunfante».

-Más Allá del Río Negro-

Todos conocemos a Drácula, Tarzán, Los Tres Mosqueteros, Sherlock Holmes, Frankenstein… Pero no todos hemos leído a Bram Stoker, E. R. Burroughs, Alexander Dumas, Conan Doyle o Mary Shelley. Todos sus personajes se han convertido en iconos de la cultura popular, adaptados infinidad de veces al cine, series, cómics, videojuegos y cualquier otro producto que venda y genere beneficios. Se han convertido –por así decirlo– en franquicias sin derechos de autor, y cada uno de estos productos franquiciados ha dado una versión propia, a buen seguro distorsionada, del personaje. Así pues, conocemos a estos mitos modernos, pero a la vez los desconocemos.

Conan es ese otro gran famoso completamente desconocido. Si hablamos de Conan nos viene a la cabeza un bárbaro semidesnudo con la cara de Arnold S.– me da pereza buscar en Google como se escribe el apellido– de escasas luces y vocabulario muy limitado. Quizá pueda articular CROM e incluso dos o tres palabras no demasiado complicadas, pero eso es todo. Conan, en la cultura popular, es un saco de músculos y una espada poderosa.

Pero el Conan literario no es así. Su autor Robert E. Howard concibió a Conan como el ser humano perfecto, el sueño húmedo de Nietzsche. Alto, fuerte, de piel broncínea, pelo negro y ojos gris acero y – ¡oh, sorpresa!– de una inteligencia privilegiada, astuto, taimado, resolutivo y ante todo, despiadado; capaz tanto de concebir planes a largo plazo, como de improvisar sobre la marcha. Era además un gran general en táctica y estrategia. Y asómbrate, lector, Conan haría las delicias de cualquier filólogo. Que se sepa, hablaba correctamente unos ocho idiomas. Para Howard, Conan era ante todo, un superviviente.

Pero antes de seguir hablando de Conan, hemos de hablar de su autor, Robert E. Howard. Hemos de ubicar a Howard en los principios del siglo XX. Nació en 1906 y murió suicidándose en 1936. Sería en la época de los 20, hasta el final de su vida, donde concentraría toda su obra, que fue mucha.

Americano e hijo de su tiempo, Howard fue un crío enfermizo y tímido que llegaría a convertirse en un fornido adulto. Su infancia se la pasaría leyendo libros y acabaría adquiriendo una notable cultura, sobre todo en materia histórica. Empezaría a escribir con escasos 15 años y siempre publicaría sus relatos en la revista Weird Tales, una revista pulp de la época. Nunca llegaría a tener amigos, excepto epistolares entre los que se encuentran los miembros del Círculo Lovecraft.

Este club de escritores seguían con admiración los escritos de Howard Phillips Lovecraft, un famoso autor de novelas de horror, y escribían y ampliaban su terrorífica cosmogonía. La mayoría imitaba e iba a rebufo del estilo literario de Lovecraft, pero Howard no. Aunque en alguno de sus relatos pueden verse reminiscencias lovecraftianas –La Piedra Negra o Los Gusanos de la Tierra por citar algunas;– , Howard tenía ideas propias.

Robert E. Howard estaba obsesionado por la barbarie. Detestaba la civilización a la que consideraba decadente y fruto de todos los males que había padecido la humanidad desde épocas históricas. Según Howard, la civilización nos otorga un disfraz, un envoltorio, una cortina de humo tras la cual acecha lo salvaje que acabará emergiendo cuando la brutal realidad de la vida nos despoje de nuestro bonito disfraz. La obra en la que mejor plasma este pensamiento es un relato de Conan, Más Allá del Rio Negro, en el que un grupo de colonos fronterizos son desalojados de sus casas por los salvajes Pictos y en el que Conan y el protagonista real del relato Balthus dan una muestra antológica de auténtico barbarismo.

Howard estaba también obsesionado por las razas. Dado que Howard fue un hombre de su tiempo y anglosajón de Texas, es complicado decir si era racista o no, pero toda su obra destila un cierto supremacismo blanco e incluso altas dosis de machismo. Todos sus personajes son fuertes, de acción y blancos, siendo los personajes de otras razas habitualmente los villanos. Las mujeres, salvo excepciones, son pasivas o brujas. Alguna mujer guerrera hay – Belit, Valeria o Red Sonja– pero son mujeres que adoptan papeles masculinos, tienen un marcado rol erótico y sirven para acentuar aun más la virilidad de los protagonistas.

Como vemos, la obra de Robert no es políticamente correcta y hoy diríamos que está escrita para un target masculino.

Los personajes de Robert E. Howard son en realidad el mismo, aunque en una época diferente. Cómo decía antes, son todos personajes muy viriles, fuertes y en general bárbaros o como mínimo con un marcado carácter salvaje. Los Principales son Kull el Atlante, Solomon Kane el puritano, Bran Mak Morn y, claro está, Conan.

Conan sería el personaje que más éxito tendría y el motivo de su éxito es muy evidente: es un personaje que sale de la nada y acabará siendo rey del imperio más poderoso de su época gracias a su ingenio, inteligencia y musculo; y claro, a los americanos esto les encantaba y les encanta. Además, a diferencia de Kull –una versión anterior a la concepción de nuestro bárbaro favorito-, Conan no pierde el tiempo con remordimientos ni se autojustifica; hace las cosas porqué quiere y sobre todo porqué puede. Un ejemplo: en una de sus primeras aventuras, y recién salido de barbarolándia, un magistrado de una ciudad –una de las primeras que pisaba– llama a declarar a Conan. El juez exige al bárbaro que delate a un amigo suyo acusado de robo, a lo cual Conan le pide al juez que sea razonable; el ladrón es amigo suyo y no puede chivarse. El juez amenaza a Conan con la cárcel y la tortura a lo que Conan responde matando a la guardia y retorciéndole el pescuezo al juez. Además declararía que había hecho bien, porqué el magistrado estaba evidentemente loco y no era capaz de atender a sus muy razonables argumentos.

¿Y a quien no le gustaría que la justicia estuviese hecha a su medida? Para el lector americano desconfiado del Estado y que se cree con derecho a llevar armas, el bárbaro debió ser todo un héroe. En Texas debió triunfar como la Pepsi y estoy seguro de que Ayn Rand y Charlton Heston leían a Conan.

La obra de Bob “dos Pistolas” –tal y como lo llamaba cariñosamente Lovecraftestaba escrita para ser publicada en formato folletinesco en una revista pulp. Su narrativa es ágil y funcional, pero curiosamente es un buen escritor. Sin ser alta literatura –ni lo pretendía serHoward describe fantásticamente y con buena pluma, su narración mantiene el interés y la tensión en todo momento y es excepcionalmente moderna para la época. La descripción de los combates y el salvajismo que destilan aún está por superar por escritores modernos, aunque estos recurran a sangre y vísceras y Howard nunca lo hiciera. No le hacía falta, incluso las tildes las escribía indómitas y brutales.

Los únicos personajes recurrentes en la obra de Howard eran sus propios bárbaros. Las historias era independientes entre si y los personajes siempre pasan de una aventura a otra, sin que el personaje evolucionara lo más mínimo en cuanto a carácter. Es cierto que Conan pasa por diversos oficios, desde ladrón miserable en su juventud a saqueador, caudillo, general y rey en su madurez, pero sigue siendo tan salvaje de viejo como en su juventud. El que sí que evolucionaría sería Howard, haciendo las historias cada vez más largas y realistas, con más trama. Las últimas historias que escribió son consideraras unas auténticas obras maestras del género.

Hablemos del mundo de Conan, ahora.

Conan nació en nuestro mundo en el 20.000 antes de Cristo. Según Howard, después del hundimiento de Atlantis, la mayor civilización de la antigüedad, el mundo entraría en una época oscura donde la barbarie impera. Poco a poco y con dolor y salvajismo por doquier, la civilización volvería a surgir y llegaría lo que se conocería como la Era Hibórea.

El mundo en la Era Hibórea se componía de numerosos reinos que recuerdan a diversas culturas de la antigüedad. El mundo de Conan es anacrónico; conviven a la vez griegos, romanos, vikingos, mongoles, toltecas y hasta bucaneros caribeños, todos ellos con otros nombres y más “barbarizados”. Así veremos a través de los ojos de nuestro broncíneo bárbaro, como si de una novela de viajes se tratara, las tierras de Aquilonia, Vanaheim, Asgard, Hiperbórea, Hyrkania o Zingaría y su mundo salvaje y despiadado de esos tiempos.

En el mundo de Conan existe la brujería y los brujos, claro. Casi toda la magia es maligna y los pocos retazos de magia “buena” no pasan de ser una simple magia de protección y sale en contadísimas ocasiones. Los brujos en el 20.000 antes de Cristo podían invocar demonios e incluso tener una vitalidad sobrenatural, pero se los podía matar, y Conan mataba como nadie, a brujos y a no brujos. La magia en este mundo es omnipresente y a la vez sutil. Por doquier existen ruinas aqueronias con tal o cual objeto maldito o alguna tumba olvidada con el bicharraco de turno durmiendo. Es cuando algo perturba algún sueño milenario cuando el horror viene a sacudir el mundo hibóreo. Y en el mundo hibóreo metes una patada a una piedra y te sales 10 tumbas aqueronias y 15 estigias.

En la era de Conan la principal nación es Aquilonia (Roma) de la cual Conan llegará a ser rey. Su principal enemiga es Nemedia (Babilonia) y por supuesto Estigia (Egipto) heredera de Aquerón, el Imperio de Hechiceros que pereció junto con Atlantis.

Conan nació en Cimmeria, como todo el mundo sabe. Una región de bosques oscuros y niebla. De allí salió de adolescente, no se sabe bien porque motivo y durante su azarosa vida vivirá mil y una aventuras en los exóticos países que visite. Los relatos no están escritos en orden cronológico y podremos ver a Conan en diferentes épocas de su vida, siempre haciendo el salvaje.

Las primeras narraciones de Conan son relatos simples, muy fantásticos y bastante cortos. A medida que Howard iba escribiendo, los cuentos sobre el cimmerio se vuelven más realistas, oscuros y largos. La última obra sobre el bárbaro no es un simple relato, es una novela de unas 250 páginas.

Me gustaría recomendar al lector tres obras en particular, las más tardías:

1. Nacerá una Bruja, la historia más cruel de Conan en el que el propio cimmerio es crucificado. Salvado in extremis, el bárbaro intentará vengarse de su verdugo, Constantius, llamado el Hacón y la reina usurpadora Salomé, una infernal bruja que mantiene a su hermana, la legítima reina, cautiva en una mazmorra donde es violada y vejada a diario. En esta historia vemos también al Conan más manipulador, conspirador y sin escrúpulos.

2. Clavos Rojos, donde se narra la decadencia y caída en la más absoluta locura de una civilización antaño sofisticada, aislada del mundo por la ambición y mentiras de sus líderes y envuelta en una guerra civil fratricida. El relato es verdaderamente angustioso, lleno de locura y escenas brutales, no por su violencia si no por lo grotesco.

3. Más allá del Rio Negro, el relato donde mejor se ve el conflicto civilización–barbarie. Los Pictos, una raza bárbara y enemiga ancestral de los Cimmerios, intentarán recuperar sus territorios fronterizos con Aquilonia, donde viven un grupo de colonos. Los colonos serán en su mayoría aniquilados y expulsados por la horda Picta. De nuevo la barbarie arrasa a la civilización. La escena final con Conan bebiendo en una taberna y prometiendo matar a diez Pictos por su amigo el colono Bhaltus y siete por el perro de éste es impagable. Uno de los pocos colonos supervivientes que estaba allí observando a Conan dirá:

«La barbarie es el estado natural del hombre. (…) La civilización es antinatural. Es un capricho de las circunstancias. Y, en última instancia, la barbarie saldrá siempre triunfante».

Esta simple frase resume a la perfección la obra y pensamiento de Robert E.Howard, creador de Conan.

Conan ha tenido muchísimo éxito en la cultura popular. Aunque varios autores hicieron más novelas sobre Conan –con un Cimmerio mucho menos salvaje– el bárbaro es conocido sobre todo gracias al escritor y guionista de cómics Roy Thomas, fan del entonces desconocido personaje. Él hizo los guiones para Marvel Cómics, las adaptaciones de la obra de Howard al cómic, con sus dos dibujantes estrella: Barry Windsor Smith y John Buscema.

Sería el propio Thomas el que guionizaría la adaptación a la gran pantalla del personaje con Conan El Bárbaro, una excelentísima película con una mítica banda sonora, pero una muy mala adaptación de los relatos.

El Cimmerio sería también tema recurrente del maestro y genio de la ilustración fantástica Frank Frazetta, y sus dibujos sobre él son ya icónicos.

Conan tendría también un excelente juego de rol con sistema D20 y un videojuego llamado Age of Conan, muy bueno en gráficos e historia pero finalmente fallido.

Jason Momoa protagonizaría en 2011 otra película del bárbaro, que vi en su momento y que mi mente por algún motivo decidió borrar de la memoria, supongo que por salud mental.

En la actualidad Planeta Cómics edita una serie de cómics que pintaban muy bien, y que pretendían narrar la historia de Conan por orden cronológico con historias inventadas por los guionistas que hilaran las diferentes historias. Fue un fiasco porqué para una adaptación tenias que tragar veinte cómics de un guión deplorable y sin interés alguno y las adaptaciones no mejoraban a las hechas treinta años antes por Thomas.

Y seguro que se me olvida algo más, pero estos productos son los más interesantes, a mi juicio, del personaje más bárbaro que ha dado la literatura.

Antes de acabar, me gustaría recomendar el relato Los Gusanos de la Tierra, protagonizado por otro de los personajes del maestro Howard, Bran Mak Morn.

Bran es el rey de los Pictos de la Caledonia más allá del Muro de Adriano. Bran disfrazado de embajador ante Roma ha de contemplar como un general romano crucifica a uno de sus súbditos. Lleno de rabia, jura arrojar a los romanos al mar. Para ello buscará la ayuda de una raza que habitaba anteriormente Britania; una raza que antes había sido humana pero ya no; que huye del sol y roe las profundidades del mundo, los Gusanos de la Tierra. Esta obra es quizá la más lovecraftiana de Howard, y la que más horror me provoca. Está editada actualmente por Valdemar en una edición exquisita.

Mitra os bendiga.

Acerca Pablo Álvarez

Hulk cuando no está en su forma verdosa y machacando se llama Pablo Álvarez y es ilustrador y librero. Hulk machaca, dibuja y pinta, lee novelas, mira documentales de historia, aplasta, le gustan los cómics,juega a rol y juegos de mesa y wargames donde tritura a sus rivales, lee ensayos de historia y antropología, cruje huesos y mira series. Hulk es fan de Tolkien y desmiembra a quien no le guste el Silmarillion. Hulk colecciona figuras de plomo. Solo puede tranquilizarse a Hulk con los periquitos. A Hulk le gustan los periquitos, pero no le gustan quienes no le gustan los periquitos. Puedes seguir a Hulk/ Pablo Álvarez en Facebook en sus páginas Apocalipsis librero y Frikidibus.