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La autoficción en las series de televisión

Tal y como quedó definida la autoficción en el terreno de la literatura, hace ya bastante tiempo que en la mente de algunos creadores circula la idea artística de recurrir al yo como objeto para la representación. La vida del autor como modelo para la creación y por ende material para la obra, la cual navegará entre esa fina línea que separa la ficción de la realidad. Ésta, se presenta velada a través de un juego de espejos donde lo verdadero y lo falso se divierten y confunden, participando del simulacro de vida que aspira ser dicha obra.

         Todo se presupone como verosímil sobre la vida del creador en tanto que éste se expone y presenta sin embalajes; eso sí, acompañado siempre de una cierta ambigüedad, pero despojado de todo traje de personaje e interpretándose a sí mismo en la pantalla. El autor se presenta como él mismo es, como presuponemos que debería ser o como quiere que le veamos. Las series modernas, ya desde la mítica Seinfeld han recurrido al concepto de la autoficción. Se emplean las vivencias personales del protagonista como material para tejer una serie de situaciones cotidianas donde el conflicto es inherente a su experiencia vital y éste se deberá ir superando a través de un itinerario – un conjunto de peripecias – para alcanzar las metas que puede lograr ‘cualquier persona’. Y por ‘cualquier persona’ entiéndase al conjunto potencial de posibles espectadores, es decir, a la futura audiencia del show.

La comedia será el mecanismo más efectivo por el cual desarrollar la trama de la ficción, al hacer de la situación cotidiana el lugar para lo risible. Se logra presentarlo así para suscitar identificación por parte de la audiencia y poder reírse sobre ello. El espectador, al sentirse identificado con sus situaciones, se ríe, halla la comicidad. Porque si algo tienen en común estas series que ahora presentaremos, empezando con Seinfeld, es lo cómico como hilo conductor para desplegar lo autoficcional con total naturalidad.

         La autoficción en las series modernas fue inaugurada a principios de los noventa por Jerry Seinfeld y Larry David cuando propusieron a la cadena NBC hacer una «serie sobre nada». El propio Seinfeld – ya consagrado como monologuista – sería el personaje central y abriendo y cerrando cada capítulo con uno de sus monólogos, nos mostraría los entresijos de su ficticia vida cotidiana como prestigioso cómico en la ciudad de Nueva York, las relaciones que establece con sus amigos y familiares y en especial con otros tres personajes centrales: su compañero de infancia George, su ex novia Elaine y su excéntrico vecino Kramer. Jamás una serie cosecharía tal éxito y niveles de audiencia sin precedentes como Seinfeld, convirtiéndose en la comedia número uno de la historia televisiva de los Estados Unidos. Durante nueve temporadas, Seinfeld sacó punta de casi cualquier situación cotidiana, muchas ideas de las cuales estaban inspiradas en episodios reales de la vida del propio Jerry Seinfeld o de su amigo y también guionista Larry David. La serie, que se ha consagrado de culto por su fina ironía y agudo sentido del humor, trataba de reflexionar sobre la frágil condición humana, convirtiéndose en un ejemplo paradigmático del sentir colectivo de toda una década. Enfatizando en el fenómeno cotidiano como punto de partida para lo cómico, Jerry Seinfeld ficcionó sobre su vida y situación vital – tanto en sus momentos más alto como en lo más bajo – y al hacerlo inició un nuevo género para las series de televisión, con todavía mucha vigencia y actualidad, el género de la autoficción.

Siguiendo esta misma estela, en la década siguiente, sería Larry David quien exploró los límites de la autoficción en su propia serie, producida por la HBO, Curb Your Enthusiasm. Larry David decidió hacer de su vida, como retirado guionista y productor millonario, tras la gloria alcanzada después de Seinfeld en la ciudad de Los Ángeles; digno material para la ficción. En Curb Your Enthusiasm que consta de ocho temporadas, la última de las cuales fue estrenada el año pasado; David ha buceado en los mismo mares que en Seinfeld pero esta vez dándoles un giro, una vuelta de tuerca más, al extremar los métodos de la comedia convencional (que sí respetaba Seinfeld) y coquetear con la autoparodia al presentarse a sí mismo como un personaje gruñón y maleducado que no sólo no soporta su nueva vida como gloria televisiva retirada, sino que a la vez repudia el mismo estilo de vida del cual disfruta. Larry es un personaje con giros hacia el patetismo y el ridículo que, junto a su joven y guapa esposa Cheryl, se mueve por un mundo del cual no forma parte ni se siente cómodo. Es por ello, que constantemente estará fuera de lugar o dirá algo inapropiado a quien no debería, muchas veces alguien importante que le podría ayudar a realizar su nueva serie; objetivo por el que se suele mover el personaje. Curb Your Enthusiasm grabada en formato de video doméstico y con una puesta en escena muy sencilla es una comedia negra sobre el decadente estilo de vida en Los Ángeles, que a través de lo exagerado – circulando entre lo absurdo y las situaciones de vergüenza ajena – nos ofrece una crítica a la sociedad americana, contrarréplica al relato expuesto en Seinfeld. Larry David se pone en jaque como objeto para la burla ácida sobre su condición existencia y retuerce lo cotidiano de su mediocre vida, una vez alcanzado el éxito y sin saber qué más hacer o eso es lo que ha querido contarnos.

         A la estela de estas dos grandes serie, nos encontramos con la magistral Louie, retrato magnífico de las peripecias del cómico neoyorquino cuarentón, divorciado y con dos hijas: Louis C. K. Louie se determina a través de la autoficción pero de un modo más sofisticado y realista que sus predecesoras, al no querer vestirse tanto en comedia y revolverse entre más géneros. Con ciertos tintes documentalistas, presenta la vida de un monologuista de éxito en la agitada Nueva York que tiene que hacerse cargo de la educación y cuidados de sus dos hijas y lidiar con los problemas comunes de cualquier padre divorciado. Pero Louis C.K. se enfrenta a esa cotidianidad con una mirada lúcida y valiente – arriesgando en muy buenos momentos – y evolucionando en cada nueva temporada. Si bien las primeras eran más episódicas y nos exponían fragmentos de vida, a partir de la tercera temporada se nos muestra una profundidad narrativa mayor, llegando incluso a coquetear con lo dramático, lo trágico e incluso lo surrealista. Louis se muestra siempre natural, vulnerable ante una cámara que le sigue y registra en sus dificultades y hacen de sus experiencia vital material para la reflexión – al igual que ya hacía Jerry Seinfeld – pero con un humor más al límite, ultrapasando lo políticamente correcto. Louie con cinco temporadas a sus espaldas y con una sexta todavía pendiente y producida por FX, es una serie de gran carga emocional, que muestra el talento de su creador y ofrece al espectador mucho más que una comedia, sin duda imprescindible.

         Recogiendo muchos elementos planteados atrás y sorprendiendo por su frescura y vitalidad, de original y sencilla factura, el actor de origen hindú Aziz Ansari ha demostrado talento y desenvoltura en la serie creada junto a Alan Yang y producida por Netflix, Master of None. La serie, que por ahora consta de dos temporadas, muestra las andanzas y dificultades de Dev, un actor afincado en Nueva York sin todavía nada claro qué hacer sobre su vida o su futuro profesional y con las dificultades de su condición racial. Ansari y Yang exponen las inquietudes de una generación – los millennials – con todavía muchos conflictos pendientes que resolver en torno a las relaciones sociales (y sus dificultades con las redes sociales), los objetivos laborales o sus relaciones con la familia. Conflictos que Dev deberá ir resolviendo en su recorrido y compaginar con su condición de inmigrante. Cabe señalar que en su segunda temporada la serie gana en profundidad y entereza, tomando un carácter más maduro que sin estridencias ni grandes gestos ha sabido ganarse muy bien al público. Aziz Ansari se presenta como firme candidato para hablar con honestidad de los problemas de los hombres y mujeres del nuevo siglo y a la vez, deja una pequeña crítica a la industria cultural y sus estereotipos. Realmente muy recomendable.

         En esta misma línea pero con un aire bastante diferente, jugando y extremando dichos estereotipos, nos encontramos con la serie Girls, producida por la HBO y creada y protagonizada por Lena Dunham. Girls, que consta de seis temporadas ya finalizadas, narra las vivencias de cuatro chicas, de nuevo en Nueva York, muy distintas entre sí que giran entorno a la vida de una de ellas, su protagonista Hannah, una aspirante a escritora, egocéntrica y problemática. Girls se ha convertido en una serie referencia, casi de culto, por su modo odioso y desalmado con el que son tratados todos los personajes y por lo despojada y sin tapujos que se muestra Hannah (literalmente hablando). La sexualidad, las relaciones sentimentales, la condición de mujeres emancipadas o los problemas profesionales son el telón de fondo para poner en cuestión el sueño americano y lo disfuncional de toda una generación de jóvenes que han fracasado ante la cruda realidad. Es criticar con humor y sarcasmo la hipocresía del american way life. Girls, crónica de una generación sin futuro, ha consagrado a su creadora Lena Dunham que sin miedo ni pudor se expone a través de su personaje Hannah, pero también del resto: la virginal e inexperta Shoshanna, la pija perfecta Marnie o la excéntrica niñera británica Jessa. Por eso creemos que lo autoficcional es más conflictivo en una serie donde hay pedacitos de Lena por cada uno de sus personajes y no sólo por el que ella representa. Girls, serie retorcida, amada y odiada a partes iguales; se ha erigido como continuación espiritual y contrarrelato de Sex and the City; dónde ahora la mujer ya no depende del hombre y es libre para equivocarse y hacer lo que quiera con su cuerpo.

         Y ya como corolario, no olvidarme de mencionar la serie Real Rob donde el actor cómico Rob Schneider se presenta y representa a sí mismo despojado de toda máscara en una comedia, donde lo autoficción cobra de nuevo protagonismo, al seguir la decadente carrera profesional y los altibajos emocionales del propio Rob en una parodia entretenida sin mucho vuelo que podrán disfrutar su única temporada en Netflix; todo un acontecimiento para los amantes de lo autoficcional. Ni tampoco la serie Maron, que podrán ver a través de Amazon Prime y consta de cuatro temporadas, y expone las vivencias del cómico Marc Maron interpretándose a sí, en una sitcom donde los conflictivo existenciales de un cómico único cobran todo el protagonismo; sin duda Vila-Matas estaría orgulloso de ello.

Acerca Javier Gil

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Situacionista, amante de los gatos y experto en la generación beat. Desde Parafernalia queremos ver arder los motores del mundo, la transformación ha de venir desde abajo.

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