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El amor en tiempos de Tinder

Vivimos en pleno siglo XXI, donde la sociedad del fast food, las redes sociales y las etiquetas, se encuentra en su máximo esplendor. La cultura actual consiste en ofrecer un amplio abanico de posibilidades entre las que elegir para satisfacer nuestras necesidades de ocio, siempre dentro del marco del capitalismo, como diría Guy Debord vivimos imbuidos en la sociedad del espectáculo. Todo se vende o se promociona a través de webs, redes sociales o aplicaciones. Cualquier empresa con el suficiente capital para invertir en marketing no puede eludir su presencia en Internet, quien exige una conexión permanente para que sepamos en todo momento lo que está pasando. Pero no solo en el ámbito del consumo utilizamos internet en nuestro día a dia. En la era de los Milenials no podemos vivir sin un smartphone, sin consultar a toda hora las notificaciones. Parece que con la llegada del “Tamagochi” se nos preparaba para la inminente llegada de los smartphones que de forma constante reclaman nuestra atención como si fueran ellos los que nos necesitaran.

En el 4to capítulo de la segunda temporada de la serie Master of None (Netflix) “First Date”, vemos a su protagonista Dev (Aziz Ansari) enlazando citas con distintas chicas que va conociendo a través de una aplicación. En el capítulo no se menciona la aplicación, pero se nos presenta con un formato muy parecido al de Tinder, donde las parejas se ponen en contacto a través de Matches. De esta manera podemos presenciar la forma en que Dev va avanzando paso a paso a través de los disntintos niveles (como si de un videojuego se tratara) que componen cada cita. Gracias a su sentido del humor consigue romper el hielo en la mayoría de los casos y conseguir ganarse a sus parejas. El capitulo va alternando las citas de manera que podemos ir viendo tanto los casos en los que hay afinidad como en los que no, de forma contrastada. Al final del capitulo (alerta spoiler) vemos como el filtro hace su efecto y el protagonista consigue irse a la cama con una de sus citas. Aunque al final, deba irse a casa solo por diferencias con la chica y de nuevo empezar a contactar con posibles ligues y así empezar de nuevo el círculo. En el caso de Dev sabemos que acaba de salir de una relación y por lo tanto no se encuentra en su mejor momento, y en su intento por llenar el vacío empieza a experimentar el ritual de las FastDates, con la esperanza de encontrar una nueva relación o al menos de pasar una noche acompañado. Pero, en la vida real, ¿Qué buscamos en este tipo de aplicaciones? Parece que existe una respuesta diferente según el genero de quién responda. Cuando pensamos en este tipo de aplicaciones en el caso de las mujeres, parece que estén buscando el amor de su vida y en cambio los hombres, sólo se mueven para saciar su instinto sexual; porque si una mujer busca sólo sexo, nuestro juicio moral – heredado del siglo anterior – tiende a juzgarla mal. La realidad es diferente y cada individuo utiliza la aplicación según su necesidad. Es decir, podemos encontrar de todo en ambos géneros: quien quiere probar nuevas formas de relacionarse, quien tiene ganas de un polvo rápido sin gastar dinero o tiempo en salir, o quien está cansado de estar solo y decide arriesgarse y probar la efectividad de las redes para “enamorarse”.

Vivimos rodeados de estímulos efímeros que devoramos/engullimos y olvidamos al cabo de diez tristes minutos. No somos capaces de memorizar (para ello usamos Google). Todo nos aburre, y aquello que se demora más de lo normal nos desespera. Es evidente que nuestro ritmo de vida también afecta a nuestras relaciones sociales. Ya no valoramos la calidad de nuestras relaciones sino la cantidad. Cuantos amigos tengo en Facebook, cuantos seguidores en Instagram, cuantos Likes tiene mi foto. Todo ello para alimentar nuestro narcisismo. Al usar cualquier red social para encontrar a alguien que comparta afinidades, más bien busquemos nuestro propio reflejo; como Narciso observándose absorto frente al espejo.

Las aplicaciones para encontrar pareja (o ligues) han abierto un nuevo mercado. Cualquiera con acceso a internet puede formar parte de la oferta y la demanda, y en ambos casos hay una gran cantidad de “productos” donde elegir. El perfil de la gente que participa es cada vez más amplio. Hace unos años, muchos nos escandalizábamos al imaginarnos usando algo tan frío como un programa informático que pudiera ofrecernos nuestra pareja ideal. Y, ¿quien no lo ha probado en la actualidad? Esa masificación ha hecho que ya ni siquiera valoremos las personas que están detrás del perfil. Elegimos los perfiles que más nos gustan teniendo en cuenta solo la portada, e incluso con ella/él delante lo despersonalizamos y al ver el mínimo defecto lo descartamos sabiendo que habrá más candidatos dónde elegir (igual que ocurre en el mercado laboral). Y es que hoy en día el amor también es un bien de consumo.

Acerca Núria Nogué

Artista polifacética y poliédrica, cinéfila itinerante, estudiosa de la Paradoja de Fermi, creadora de personajes.